
Cuando algo nos huele mal es porque nuestro cuerpo nos avisa de que hay algo que no está bien … comerte comida que apesta no se le ocurriría a nadie, así que unos investigadores alemanes han aplicado esa idea a los cascos de ciclista.
A veces, cuando un casco ha recibido un golpe lo suficientemente grande como para que se agriete todavía es válido estéticamente, así que ¿para qué te vas a comprar otro? … en éste caso porque unas microcápsulas han liberado una substancia que huele mal, así que no vas a querer ponerte eso en la cabeza porque al olerlo sabes que está roto y que hay que tirarlo para comprar otro … una forma de obligarte a tí mismo a ir siempre con un casco en condiciones y de que los vendedores de cascos multipliquen sus ventas.
